jueves, 11 de octubre de 2012

Modernidades Multiples


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El paradigma de la modernización ha sido sustentado por fundamentos teóricos que lo conciben como una transformación lineal ascendente que  manifiesta el progreso alcanzado por las naciones, una vez que transitan hacia el sistema capitalista. Por un lado, muchos de los argumentos colocan a Occidente como prototipo y referente universal de la modernización y, por el otro, proponen una relación histórica conflictual entre lo tradicional y lo moderno. Este discurso, predominantemente eurocentrista, estructuró y ha estructurado una forma específica de interpretar los procesos desarrollistas. Así, se ha colocado la civilización occidental a la vanguardia del resto de las sociedades que han tendido a ser observadas y a observarse a sí mismas desde una posición de subordinación e inferioridad.

Esta visión ha impedido que muchos de los análisis sobre las diversas experiencias modernizadoras no tengan en cuenta los fenómenos de intercambio y entrelazamiento que pueden desprenderse de la relación entre las estructuras tradicionales y las estructuras modernas. En esta misma dirección, se han integrado conceptualmente modernización y occidentalización estableciendo una asociación arbitraria de una y otra. Entendido así, la opción más viable es asumir el patrón conductual desprendido del modelo histórico hegemónico que tiende, en definitiva, a postular la homogeneización de las culturas bajo el estandarte occidental como el único camino seguro al desarrollo.

En general, los modelos de modernización han enfatizado excesivamente la relación tradición-modernidad estableciendo una distinción cronológica, evolutiva y excluyente donde las sociedades modernas son concebidas como espacios de continua modificación. La transformación constante induce la reestructuración permanente de aquellos códigos que identifican colectividades y realidades, siendo la tendencia dominante dentro de este esquema de vínculos. De esta forma, se desconoce la capacidad de la tradición para reacomodarse a las circunstancias y demandas del mundo contemporáneo y  queda confinada a los límites impuestos por la repetitividad, la pasividad, la resistencia al cambio y  lo retrógrado.

El debate actual en torno al enfoque de “múltiples modernidades” es relevante en éste sentido, ya que ha puesto de manifiesto la variedad de trayectorias históricas hacia la modernidad, contribuyendo al mismo tiempo a teorizar esta pluralidad de experiencias democráticas recientes. El objetivo de éste simposio es entonces doble: introducir y discutir los principios fundamentales del enfoque de múltiples modernidades, y examinar en paralelo un conjunto de nuevas prácticas democráticas que se vienen implementando en los países latinoamericanos.
En general, la modernización dependió tanto de la mediación como de la resistencia que asumió la tradición frente a las alternativas occidentales. No existió uniformidad en las esferas de diálogo o de conflicto y mucho menos fue un proceso modelado conscientemente, ya que las interacciones y consecuencias atravesaban los niveles macro y micro de la sociedad. Tampoco puede comprenderse esta experiencia fuera de la lógica espacio-temporal a la que pertenece y el proceso no debe ser analizado como un combate a muerte donde se enfrentan lo antiguo y lo nuevo, lo propio y lo ajeno, lo tradicional y lo occidental.

Basados en esquemas de relación que proponen indistintamente el dominio de la tradición o la occidentalización, es que puede contemplarse a Japón como un país de profundos contrastes. No obstante, esta resulta una visión epidérmica que descuida el que la modernización sea, más allá de las divergencias, el resultado de una combinación particular que nos acerca a una relación de equilibrio entre ambos agentes y nos aproxima a los diferentes niveles de participación que tienen una y otra dentro de los distintos espacios económicos, políticos y sociales.

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